28.6.07

Sierra de Albarracín

Visite una de las ciudades más bonitas de España, visite Albarracín.
(Azorín)

El pasado fin de semana pude disfrutar en muy buena compañia del magnífico paisaje que presenta Albarracín y alrededores y que recomiendo a todo el mundo, para que desconecte de la ciudad y vaya a perderse allí.

Llegamos el viernes por la noche, después de perdernos un poco en el camino y de tener que llamar al hostal para que nos indicaran por donde acceder. Llegados al mismo, dejamos las maletas en la habitación y nos fuimos a dar una vuelta por el pueblo, que, aunque nos dijeron que ya no nos darían de cenar, hacía muy buena noche con la que compartir unas cervecillas.

El sábado amaneció con un cielo azul radiante y ni una sola nube en el horizonte, asi que tras desayunar, nos pusimos rumbo a nuestro primer objetivo: la oficina de turismo, porque, aunque teniamos unas rutas sacadas de la web de Albarracín, queríamos unos mapas mas concisos de la zona, por si había algo mas interesante que ver. Y con ellos en la mano, empezó nuestro viaje.

La primera parada fue en la fuente del Cabrerizo, en el paisaje protegido de Pinares de Rodeno. Bajamos hacia el barranco, parando el mirador para contemplar la vista, de barranco y de la flora existente en él. Alucinante. Andamos por el barranco buscando la fuente y las 2 pinturas rupestres alli existentes (un ciervo y un equino), que, aunque había un cartel indicando su ubicación, fuimos incapaces de ver.

Visitado este punto seguimos rumbo a la Peña de la Cruz, contemplando el paisaje que teniamos a ambos lados. A la peña se subía por un camino de tierra de unos 5 kilometros, asi que despacito y con buena letra para no dañar al pequeño cachorro, llegamos a lo alto. A esa altitud, 1538 metros, las vistas son alucinantes, teniamos a nuestros pies los pinares. Ahí arriba había un monumento en forma de cruz a un batallón de la Guerra Civil.

Con la cara tamizada por el vientro fresco que soplaba regresamos al coche para ir al siguiente punto de la ruta: la laguna de Bezas, a la que se llegaba por otro camino de tierra mas complicado que el anterior. Y ahí estaba, en medio de una pradera, una laguna, pequeñita, con seres vivos en su interior.


De camino a la otra laguna, la de Rubiales, hicimos un alto en Bezas para comer y coger fuerzas y una vez en la laguna, mas pequeña y fea que la otra, aprovechamos la tranquilidad de la zona para echar una pequeña cabezada, pero ésta se vio interrumpida por seres con orejas que tuvieron la misma idea que nosotros. Aun asi, nos quedamos alli vegetando aprovechando el buen día que hizo.

Con energías renovadas, pusimos rumbo a Sierra Alta, cerca de Bronchales, donde tuvimos que subir por otro camino de piedras (mas sufrimiento para el cachorro) a contemplar la vista desde sus 1856 metros de altitud, vistas que no defraudan nada. Curioso el detalle que había una caja dentro de la cual habia un cuaderno en la que te animaban a escribir y dejar tu opinión sobre la zona. Asi que hicimos lo propio y dejamos nuestra huella. Sierra Alta me recordaba la escena e Sonrisas y Lágrimas, cuando Julie Delphy salía corriendo por lo alto de un monte, jeje. Después de vegetar allí otro largo rato y darnos cuenta que nos crujían las tripas, volvimos hacia el hostal para ducharnos e ir a cenar algo. Después del palizón del día no teníamos ganas de ná, así que cenamos algo en un bar de la plaza del pueblo, donde inexplicablemente, cayeron unas gotas de lluvia a pesar que no había ni una nube, estaba el cielo estrellao. Y acto seguido a la cena, a la cama a descansar.

El domingo volvió a aparecer soleado y caluroso, y empezamos pronto el día. Desayunamos, recogimos nuestras cosas, dejamos el hostal y visitamos el pueblo, con sus murallas, su catedral, su plaza, su gentío. Compramos ingredientes para hacernos bocatas y pusimos rumbo hacia Tramacastilla para ver el Barranco Hondo, que no pudimos ver, ya que no encontramos ningún sitio donde parar a contemplar el peaso barranco y la toña que te darías si cayeses por él. Así que seguimos nuestro camino, hasta llegar a Calomarde, donde vimos la cascada y nos refrescamos con el aire enfriado por ella. Ya por último nos dirigimos hacia el nacimiento del río Cuervo, donde queríamos comer, descansar para poner rumbo a Madrid. De camino a él pasamos, sin pararnos, por el monumento al nacimiento del río Tajo, cosa que me pareció una chuminada ya que el Tajo no nace ahí. Pasamos por el puerto de Cubillo y llegamos al nacimiento del Rio Cuervo, cogimos la mochila con los bocatas, la manta y empezamos a andar, pasando por la cascada y subiendo hacia su nacimiento. El paisaje es bastante chulo y muy recomendable su visita. Tras tomar un refrigerio en el bar de la zona, dimos por finalizada la espacada y volvimos a los madriles, cansados pero contentos.

Si has llegado hasta aquí, te recomiendo que vayas a conocer la zona, que es increible.