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Desde hace año y medio que llevo trabajando en Prisacom, la palabra friki se usa a diario. Aquí todos mis compañeros son unos frikis de comics, series manga, y por supuesto, informática. Y yo me "metía" con ellos por este motivo, hasta que uno me llamó "friki de las emergencias". Y ahí me di cuenta de que tó dios somos frikis de algo. Y efectivamente, soy un friki del mundo de las emergencias extra-hospitalarias. Y a tanto llega mi nivel de frikismo que me he comprado una ambulancia de Lego. Lego, esos juguetes con los que jugaba de niño, armando y desarmando cosas... Y aquí la tengo, en mi mesa del curro, con la que paso los ratos muertos que tiene este trabajo. Y es que no dejamos de jugar porque nos hacemos mayores; nos hacemos mayores porque dejamos de jugar.
Por fín visité París, la cuidad del amor y de la luz. Un fin de semana entero recorriendo las zonas típicas y quedándome boquiabierto. Es una ciudad que me ha gustado mucho, con un encanto especial y la suerte de que el tiempo haya acompañado.
Llegamos el viernes sin problemas a Orly, donde cogimos el monorrail que nos llevaba al tren y el tren que nos llevaba al centro de París. Y ahí cogimos el metro. Todo esto sin problemas y sin hablar nada de francés, que, la verdad sea dicha, nos hemos desenvuelto muy bien sin tener ni idea del idioma.
El sábado amanecimos pronto para aprovechar el día. La paliza que nos dimos a andar no tiene nombre, pero mereció la pena. Pasamos por todos los puntos típicos de París. Acabamos tan matados de la ruta, que se nos quitaron las ganas de salir a conocer la marcha parisina.
El domingo, con el buen tiempo que hacía, subimos al Arco del Triunfo; 284 escalones para subir una altura de 50 metros. Pero yendo tranquilo se sube sin problemas y las vistas......no tienen nombre. A la torre Eiffel no subimos ya que pasabamos de hacer cola y nos fuimos a pasear por los campos Elíseos. De ahí a casa a por las cosas y al aeropuerto. El viaje de vuelta al aeropuerto no tiene desperdicio. Cuando llegamos a la estacion donde teniamos que coger el tren, resulta que empiezan a decir cosas por megafonia, de las que no entendiamos ni papa, pero al ver a la gente del andén irse, entendimos que algo fallaba y que no vendría el tren. Y con el tiempo encima, salimos como alma que lleva el diablo a la calle a la busca y captura de un taxi. Y menos mal que hubo suerte. El taxista nos vio tan apurados, que nos pregunto a que hora salia el vuelo (Eran las 3.40 y saliamos a las 5.10). Es increible que un domingo a esa hora el centro de París esté plagado de coches....es que no se echan la siesta!!!??? Total que el hombre, llamó a un amigo, y no se que hablaron, pero nos dijo que si llegaríamos a tiempo. Total que a las 4.20 nos suelta en Orly, y tras darle una buena propina (le metio cañita al coche para llegar lo antes posible) corrimos al stand de Iberia con la esperanza de que no hubieran cerrado el vuelo. Y afortunadamente, hubo suerte. Mi colega tenía plaza en el vuelo, pero a mi me dijeron que estaba lleno y que tenía que esperar, a ver si había suerte. Y sí, todo acabó bien. Llegamos a Madrid muy cansados pero contentos, que es lo importante.
Gracias Luz por acogernos el finde y gracias al taxista anónimo que puso de su mano para que llegaramos al aeropuerto. Ya podían tomar ejemplo los taxistas de aquí...
Las fotos aquí


Después de 8 años y medio con la pequeña Derbi Atlantis, por fin hemos dado el salto a las 125cc. Una Suzuki Burgman, seminueva, con 400km. Me siento como un Pedrosa cualquiera, subiendo de categoría, jeje. El sábado fuimos a Toledo a por ella y me la traje puesta, con 2 cojones. No pudo hacer más viento racheado. Iba por el carril derecho, a mis 90km/h y la moto daba unos bandazos finos finos. Pero ahí aguanté, como un jabato y llegué a casa, tras una hora de viaje. Ahora toca perderle el miedo a la M-40 y sus maravillosos atascos y probar a ir al trabajo.